Camino de Guadalupe
Acontecimiento Guadalupano · Capítulo 7 de 15
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Acontecimiento Guadalupano
Capítulo 7

Primera Aparición

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Hoy descubrirás: Que los alumnos contemplen la primera aparición como un encuentro de ternura, dignidad y misión: María habla al corazón indígena y conduce hacia Cristo.

Idea central: En la primera aparición, María sale al encuentro de un pueblo herido. Habla su lenguaje, lo llena de dignidad y le confía una misión.

¿Has sentido alguna vez que Dios o la Virgen te dieron ánimo justo cuando lo necesitabas?

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Aquí se narra cómo, de manera portentosa, se apareció la perfecta Virgen Santa María Madre de Dios, nuestra Reina, allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe. Primero se dignó dejarse ver de un indito llamado Juan Diego; después se apareció su preciosa y amada Imagen delante del recién electo obispo fray Juan de Zumárraga. Diez años después de conquistada la ciudad de México, cuando ya estaban depuestas las flechas y los escudos y había paz en los pueblos, comenzaba a abrir su corola la fe y el conocimiento del Dador de la vida, el verdadero Dios.

En este capítulo
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El amanecer y el canto de las aves

6. Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios y de sus mandatos. 7. Y al llegar cerca del cerrito, donde se llama Tepeyac, ya relucía el alba en la tierra. 8. Allí escuchó cantar sobre el cerrito, era como el canto de variadas aves preciosas. Al interrumpir sus voces, como que el cerro les respondía. Sobremanera suaves, deleitosos, sus cantos aventajaban a los del coyoltototl y del tzinitzcan y a otras aves preciosas que cantan. 9. Se detuvo Juan Diego, se dijo: “¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que escucho? ¿Tal vez estoy sólo soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños? 10. ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá, donde dejaron dicho los ancianos, nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento, ¿acaso en la tierra celestial?” 11. Hacia allá estaba mirando, hacia lo alto del cerrillo, hacia donde sale el sol, hacia allá, de donde procedía el precioso canto celestial.

12. Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de escucharse, entonces oyó que le llamaban de arriba del cerrillo, le decían: “Juanito, Juan Dieguito.”

02

La llamada desde lo alto del cerrito

13. Luego se atrevió a ir a donde lo llamaban; ninguna turbación inquietó su corazón ni ninguna cosa lo alteraba, antes bien se sentía alegre y contento por todo extremo, fue a subir al cerrillo para ir a ver de dónde lo llamaban. 14. Y cuando llegó a la cumbre del cerrillo, contempló una noble Doncella que allí estaba de pie, 15. Ella lo llamó para que fuera juntito a Ella. 16. Y cuando llegó frente a Ella, mucho le maravilló cómo sobrepasaba toda admirable perfección y grandeza: 17. su vestido como el sol resplandecía, así brillaba. 18. Y las piedras y rocas sobre las que estaba, como que lanzaban rayos 19. como de jades preciosos, como joyas relucían.

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La transformación del Tepeyac

20. Como resplandores del arco iris en la niebla reverberaba la tierra. 7 21. Y los mezquites y los nopales y las demás variadas yerbitas que allí se suelen dar, parecían como plumajes de quetzal, como turquesas aparecía su follaje, y su tronco, sus espinas, sus espinitas, relucían como el oro. 22. En su presencia se postró, escuchó su venerable aliento, su venerable palabra, que era sumamente afable, extremadamente noble, como de quien lo atraía y le mostraba amor. 23. Le dijo Ella: “Escucha, hijo mío, el más pequeño, Juanito, ¿a dónde te diriges?” 24. Y él le contestó: “Señora mía, Reina mía, Muchachita mía, allá llegaré, a tu venerable casa en México Tlatelolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan, que nos enseñan, quienes son las imágenes del Señor, Señor Nuestro, nuestros sacerdotes.” 25. En seguida, así le habla Ella, le descubre su preciosa voluntad; 26.

le dice: “Sábelo, ten por cierto, hijo mío, el más pequeño, que yo soy en verdad la perfecta siempre Virgen Santa María, que tengo el honor y la dicha de ser Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediación, el Dueño del cielo, el Dueño de la tierra. Mucho quiero, mucho deseo, que aquí me levanten mi casita sagrada, 27. en donde lo mostraré, lo ensalzaré al ponerlo de manifiesto, 28. lo entregaré a las gentes en todo mi amor personal, a Él que es mi mirada compasiva, a Él que es mi auxilio, a Él que es mi salvación. 29. Porque, en verdad, yo me honro en ser tu madre compasiva, 30. tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra, 31. y también de todas las demás variadas estirpes de hombres, los que me amen; los que me llamen, los que me busquen, los que confíen en mí.

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La Madre del verdadero Dios por quien se vive

32. Porque ahí, en verdad, escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores. 33. Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa, anda al palacio del obispo de México, y le dirás cómo yo te envío, para que le descubras cómo mucho deseo que aquí me provea de una casa, me erija en el llano mi templo; todo le contarás, cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. 34. Y ten por seguro que mucho lo agradeceré y lo pagaré, 35. que por ello, en verdad, te enriqueceré, te glorificaré; 36. y mucho de allí merecerás con que yo retribuya tu cansancio, tu servicio con que vas a solicitar el asunto al que te envío. 37. Ya escuchaste, hijo mío el menor, mi aliento mi palabra; anda, haz lo que esté de tu parte.” 38.

E inmediatamente en su presencia se postró, le dijo: “Señora mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra; por ahora te dejo, yo, tu humilde servidor.”

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El sábado y la madrugada

Elementos significativos de la Primera Aparición

Sábado: el sábado es el día que tradicionalmente está dedicado a la Virgen.

Muy de madrugada: para los indígenas, la noche, la oscuridad, era lo contrario a la vida. Ellos vivían por y para el Sol que les garantizaba y les proveía la vida y todo lo necesario para continuar sobre la faz de la tierra. Por eso la oscuridad trae incertidumbre. En contraposición con esto, cuando Juan Diego llega al Tepeyac y escucha el sonido de las aves, “ya reluce el alba”. Es decir, hay una garantía de vida, hay un nuevo amanecer, una nueva oportunidad. Es justo en ese momento cuando tiene lugar la visión sobrenatural.

La naturaleza estéril se transforma: la Virgen María recrea todo lo estéril de la naturaleza y la sublima, la colma de belleza. Es el preludio del nuevo génesis que va a tener lugar a los pies del Tepeyac: el nacimiento de una nueva nación. El lugar en el que decide aparecerse la Virgen era salitroso, pedregoso y lleno de abrojos. Ella toma esa naturaleza muerta y la transforma en una visión sobrenatural tremendamente bella que a Juan Diego le recuerda las tradiciones de sus mayores, su paraíso ancestral.

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El canto y el paisaje transformado

La cumbre del cerro: a lo largo de la historia, los montes han sido lugar de encuentro con la divinidad en todas las culturas y religiones. La Virgen va a aprovechar también esta tradición, sin embargo, la casita sagrada querrá que la construyan en el llano, porque Dios se encarna en el seno de la Virgen, se hace hombre con todas las consecuencias y viene a nosotros, a nuestra realidad, a ras de suelo. Ya no es necesario subir a un monte a encontrarnos con Dios. Él se abajará tanto que no sólo querrá estar en el llano, sino que, finalmente, estará en un trozo de pan para que pueda estar dentro de nosotros, sumamente íntimo.

Mensaje de unión y hermanamiento: Uno de los mensajes principales de la Virgen es que Ella se presenta a Juan Diego como Madre de todos los hombres: de todos los pueblos indígenas, que habían estado enfrentados entre sí, y madre también de los españoles, que habían ejercido -en algunos casos- abusos de poder y violencia contra los naturales.

Escuchará su llanto, sus tristezas: la Virgen hace referencia expresa a esta situación ya que era un pueblo dolido, huérfano de sus dioses, obligado a renunciar a su tradiciones, a sus raíces… Ella se presenta como la Madre que ya no tienen, como el consuelo venido de lo Alto, como la que les va a traer, además, al verdadero Dios.

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La verdad que tiene raíz

Puntos importantes de la Primera Aparición Hay que tomar en cuenta que en la mente india la verdad es lo que tiene raíz, es decir, lo sólidamente arraigado, lo estable, lo perenne, y por tanto lo nuevo, que es por definición algo “sin raíz”, “sin arraigo”, resulta sinónimo de falso. Asimismo, lo que al ser humano le confiere genuino valor es “tener raíz”, tener antepasados, y lo que hace moral o inmoral su conducta es su fidelidad a éstos. Para la gran masa del pueblo indio, la conversión al cristianismo era, ni más ni menos que renegar de sí mismos: “negar a sus dioses y ley de sus antepasados” y con todo y estar abrumados por mil calamidades, apaleados y tímidos, eran demasiado conscientes de su dignidad y grandeza para renegar de ellas, y, como sentían que las habían perdido para siempre, preferían morir a dejar de ser indios.

Los comienzos de la evangelización habían sido complejos. A los indios se les exigía no solo renunciar a sus dioses, sino despreciarlos, ya que a los ojos de los conquistadores resultaban poco menos que satánicos. Ante esta difícil situación, la única solución posible era alguna “Buena Nueva” que viniera a explicarles y justificarles la pesadilla que estaban viviendo, que les redimiera su presente y les garantizara un futuro, al menos tan digno como el que tenían antes; pero, sobre todo, que aceptara su pasado y que lo aceptara en lo que era para ellos, como ellos lo amaban: glorioso, excelso, divinizante.

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La fe que culmina y dignifica

Hay que tener en cuenta que Juan Diego está viviendo una experiencia mística: está “entrando en el cielo” como recogen estos pasajes del Nican Mopohua: “¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que escucho? ¿Tal vez estoy sólo soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños? 10. ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá, donde dejaron dicho los ancianos, nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores,(Xochitlalpan), en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento, (Tonacatlalpan) ¿acaso en la tierra celestial?” (Ilhuicatlalpan). Estas palabras evocan conceptos claves en la antigua visión náhuatl del mundo, como el de “nuestro merecimiento (nomacehual)” persuasión de que los seres humanos fueron merecidos por el sacrificio sangriento de sus dioses”.

Quien vive este privilegio recibe una iluminación de Dios directa, sin pasar por explicaciones. Todo le queda diáfanamente claro, aunque no pueda explicarlo. Es en este instante cuando captó que no existía oposición ninguna entre su religión y cultura ancestrales y su fe cristiana, sino culminación entre su antigua fe, la de “los antiguos, nuestros antepasados, nuestros abuelos” y lo que como cristiano está recibiendo en ese momento.

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Puntos importantes

Conexión con las raíces: los indígenas valoraban profundamente su arraigo a las tradiciones y a los antepasados, y consideraban falso todo lo que no tenía raíces en su cultura.
Resistencia a la evangelización: la conversión al cristianismo podía ser vista como una traición a la propia identidad, porque parecía exigir renegar de los dioses y tradiciones.
Síntesis espiritual en Juan Diego: a través de su experiencia mística comprendió que su fe cristiana no contradecía su cultura ancestral, sino que la culminaba y dignificaba.

La luz del Tepeyac

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Glosario

Casita Sagrada

Para los indígenas significa templo y para ellos el templo superaba un mero hecho religioso. El templo era la esencia de la nación. La religión era tan importante para la cultura indígena que levantar un templo representaba colocar los cimientos de una sociedad. Así como la construcción del Templo de Jerusalén marcó la identidad judía y fue el símbolo de su cultura, los aztecas construyeron su templo en los años inmediatos a su migración al Valle de México como signo de su civilización. La Virgen, al pedirle a Juan Diego que le construya una casita sagrada, a la vez le está pidiendo que funden una nueva sociedad en la que indígenas y españoles sean hermanos; una nueva civilización, la del amor del Evangelio. En definitiva, será el surgimiento de una nueva nación: el México que conocemos hunde sus raíces en el Tepeyac.

Macehual (macehualli)

Este vocablo, que se traduce como hombre, tiene un significado más profundo: el merecido. Y el merecido no de cualquier manera. La religión mexicana, a través de sus mitos, habló siempre del hombre como producto del sacrificio de sus dioses. Que el mundo en que habitaba, el alimento que lo nutría, la sangre que corría por sus venas, todo era de ellos y de ellos nació, porque por él inmolaron su vida. Así que, a su vez, el hombre les ofrendaba esa misma sangre, no por miedo o servilismo, sino por un honroso privilegio: por una reciprocidad de “nobleza obliga”.

Datos curiosos

Un dato...

Detrás de la nebulosa maraña de divinidades indígenas, estaba el concepto de un Nelli Téotl, de un “Dios Verdadero”

Fray Bernardino de Sahagún, que no se le puede acusar de ser simpatizante del paganismo mexicano, escribió en una carta escrita al papa san Pío V que en realidad no había politeísmo, sino un “monismo”, es decir, un único Dios con muchas formas. El nombre de ese Dios único y verdadero era Ometéotl, traducido como Señor y Señora del Dos, “De la Dualidad”. Los nahuas, cuando quieren describir más explícitamente cualquier cosa, mencionan siempre dos aspectos principales de ella, como para lograr que de su unión salte la chispa que permita comprender. “Que el antiguo dios aparezca -a veces- en forma femenina contradice tanto y tan poco al principio monoteístico como la Trinidad cristiana” (Hermann Beyer).

Sabías que....

La Virgen llama siempre a Juan Diego “hijo mío el menor”. Este concepto en náhuatl se dice “Noxocoyouh” y significa literalmente “mi fructuosidad”, pero lo podemos traducir actualmente como “mi consentido”. Nada tiene de despectivo sino todo lo contrario. Así solía llamarse al hijo menor que por eso era el más amado y cuidado. Todavía en algunas partes de México se le llama así “mi xocoyote”, “mi xocoyotito”.

Ometéotl tenía muchos nombres, o mejor dicho, todos los nombres del panteón indio eran suyos: eran breves síntesis de su naturaleza. De todos ellos nos importan cuatro: Ipalnemohuani; Moyocoyani Teyocoyani; Tloque Nahuaque e Ilhuicahua Tlaltipaque Mictlane. Estos justo son los que menciona la Virgen María en su Primera Aparición para explicarle a Juan Diego que Ella es la Madre del Único y Verdaderísimo Dios por quien se vive. Para ello usa los términos en náhuatl: Dador de la vida (Ipalnemohuani), Inventor de los seres humanos (Moyocoyani Teyocoyani), Dueño del cerca, Dueño del junto (Tloque Nahuaque), Dueño de la región celeste, Dueño de lo que hay en la tierra (Ilhuicahua Tlaltipaque Mictlane). La Virgen de Guadalupe rescata los conceptos que manejaban los indígenas para explicarlos y sublimarlos. Para dar continuidad renovada a la fe de sus antepasados.

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Juanito