CONSAGRACIÓN A LA VIRGEN DE GUADALUPE
Santa María de Guadalupe,
Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive,
hoy me acerco a ti como Juan Diego,
pobre, necesitado y confiado, para ponerme en tus manos.
Aquí estoy, Madre mía. Soy tu hijo. Soy tuyo.
Recibe mi vida entera: mi historia, con lo que ha sido;
mi presente, con lo que hoy soy; mi futuro, con lo que vendrá.
Tú que me llamas por mi nombre y me miras con ternura,
acógeme como soy y enséñame a vivir como hijo del Padre y apóstol de Cristo.
Te entrego mi mente, para que piense según el Evangelio;
mi corazón, para que aprenda a amar con verdad;
mi voluntad, para que se disponga a hacer el bien.
Te entrego mis fragilidades y mis miedos, mis cansancios y mis luchas.
Ponlos bajo tu mirada de Madre y preséntalos a tu Hijo.
Enséñame a hacer lo que esté de mi parte,
con sencillez y fidelidad, y a confiar en que Dios obrará el resto.
Madre, hazme mensajero tuyo.
Que, como Juan Diego, lleve a los demás lo que he visto y oído,
no con palabras vacías, sino con una vida transformada.
Pon en mis manos rosas verdaderas:
gestos de caridad, palabras que consuelen, presencias que acompañen.
Que mi vida sea un signo que hable de tu Hijo.
Condúceme a la casita sagrada, al encuentro con Jesucristo Eucaristía,
para que Él sea el centro de mi vida, la luz que ordene todo,
la presencia que me sostenga.
Madre, quiero vivir bajo tu manto, caminar con tu estilo,
y aprender a mirar como tú miras.
Hoy me consagro a ti para llegar con mayor verdad a tu Hijo.
Dispón de mí, envíame donde sea necesario,
y haz de mi vida un lugar donde Dios pueda habitar.
Santa María de Guadalupe, Madre y Señora mía, soy todo tuyo.
Y todo lo que soy y tengo te lo entrego,
para que, por ti, pertenezca más plenamente a Jesucristo.
Amén.
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