YO SOY JUAN DIEGO

YO SOY JUAN DIEGO

Formar apóstoles.En la escuela de Jesucristo y de Santa María de Guadalupe.

Evaristo Sada, L.C. Camino de Guadalupe

Acoger Aprender Enviar

Una manera de formar y enviar apóstoles

La Virgen de Guadalupe no sólo nos dejó una imagen ni solamente un mensaje. En el Tepeyac podemos contemplar también una manera de formar y enviar apóstoles.

Juan Diego es encontrado en el camino, llamado por su nombre, tratado como hijo, enviado, escuchado en sus dificultades, fortalecido en la prueba y confirmado en una misión que lo supera. Poco a poco, aquel hombre sencillo se convierte en portador de un don destinado a muchos.

Algo semejante sucede con todo apóstol.

Antes de preguntarnos qué debemos hacer por Cristo, necesitamos reconocer lo que Cristo ya está haciendo en nosotros. Vive en nosotros desde el Bautismo, nos hace hijos en el Hijo, nos alimenta en la Eucaristía, nos reúne con otros, nos madura en la prueba y quiere prolongar su amor a través de nuestra vida.

Pero esa vida recibida no termina en nosotros.

Lo que Cristo hace en mí comienza a transformar mi manera de estar con otros.

  • Si he sido encontrado, aprendo a salir al encuentro.
  • Si he sido amado, aprendo a mirar a cada persona antes que su función.
  • Si mi corazón ha sido despertado, aprendo a abrir caminos hacia el corazón de otros.
  • Si he sido acompañado en mis rodeos, aprendo a acompañar procesos.
  • Si Cristo me ha reunido, aprendo a discernir en comunión.
  • Si su misericordia me ha levantado, aprendo a servir levantando.
  • Si Dios ha confiado en mi pequeñez, aprendo a confiar en otros.
  • Si he sido enviado, ayudo a construir comunidades donde puedan nacer nuevos enviados.

Acoger · Aprender · Enviar

El método guadalupano quiere ayudar a desarrollar una verdadera inteligencia espiritual de la misión: aprender a leer desde la fe lo que Dios hace en nosotros y traducirlo en una manera concreta de acompañar, formar y enviar a otros. No pretendemos recorrer aquí toda la formación de un apóstol. Estos ocho encuentros quieren ser una puerta suficientemente profunda como para comenzar a mirar de otra manera la propia vida, las personas y la misión.

01

Acoger

Lo que Dios hace en mí.

02

Aprender

De Cristo y de la Virgen de Guadalupe.

03

Enviar

Compartir la vida recibida.

Ocho encuentros. Un solo camino.

Encuentro 01

Habitado

Cristo vive en mí

Movimiento del TepeyacSALIR AL ENCUENTRO

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Punto de partida

La vida apostólica no comienza con una lista de cosas por hacer.

Comienza con una presencia.

Cristo vive en ti.

Desde el Bautismo, tu vida ha quedado unida a la suya. El Espíritu recibido quiere hacer crecer esa vida hasta alcanzar tus pensamientos, afectos, decisiones, relaciones y manera de servir.

Por eso el apóstol no sale al mundo simplemente llevando ideas sobre Cristo.

Lleva a Cristo dentro.

La misión comienza cuando esa vida recibida encuentra caminos para llegar a otros.

Palabra y fe de la Iglesia

«Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20).
«También nosotros vivamos una vida nueva» (cf. Rm 6,4).

Por el Bautismo somos incorporados a Cristo, hechos hijos de Dios, miembros de su Iglesia y templos del Espíritu Santo. La Confirmación fortalece esta vida y concede una gracia especial para dar testimonio de Cristo con la palabra y con la vida. El Catecismo llama al bautizado «una nueva creatura» y «templo del Espíritu Santo» (CCC 1265).

EN MÍ · Una vida que me precede

Hay días en que quien sirve puede sentirse vacío.

No encuentra palabras, pierde entusiasmo, algo sale mal o comienza a comparar sus frutos con los de otros.

Entonces resulta fácil pensar que todo depende de su capacidad, su temperamento o su fuerza de voluntad.

Pero el apóstol no comienza cada mañana desde cero.

La gracia lo ha precedido.

Cristo ya está presente.

La oración, los sacramentos y la formación nos ayudan a reconocer y dejar crecer la vida que ya hemos recibido.

Esto cambia el modo de servir.

Ya no se trata solamente de preparar bien una catequesis, organizar una actividad o resolver una necesidad. También esas pequeñas acciones pueden convertirse en lugares donde Cristo mira, escucha, habla y sirve a través de nosotros.

La misión deja de ser únicamente trabajo para Cristo y comienza a ser vida de Cristo que se despliega en nosotros.

Espejo Del Tepeyac

Juan Diego va de camino.

No está buscando una misión extraordinaria.

Escucha el canto, se acerca, es llamado.

La iniciativa no ha partido de él.

Antes de convertirse en mensajero, ha sido alcanzado.

El Tepeyac comienza con una iniciativa que lo precede.

Algo viene a buscar al hombre en medio de su camino ordinario y convierte ese camino en vocación.

CON OTROS · Salir al encuentro

Quien descubre que Dios tomó primero la iniciativa con él aprende a hacer lo mismo.

La pastoral puede acostumbrarnos a esperar:

  • que vengan,
  • que se inscriban,
  • que pregunten,
  • que regresen,
  • que respondan.

El movimiento del Tepeyac va en otra dirección.

Pregunta:

¿Dónde están?

¿Por dónde caminan?

¿Quién dejó de venir?

¿Quién nunca se acercaría por sí mismo?

Salir al encuentro no significa necesariamente organizar una gran misión.

A veces significa acercarse a una persona que vemos todas las semanas y a la que nunca hemos escuchado realmente.

Para conversar

  • ¿Dónde experimento hoy que Cristo vive y actúa en mí?
  • ¿En qué aspectos de mi servicio dependo demasiado de mis propias fuerzas?
  • ¿Qué me cuesta más: acercarme primero, o esperar a que el otro dé el paso?
  • ¿Qué cambiaría esta semana si tomara en serio que la iniciativa no depende solamente de mí?

Esta semana

Paso interior

Repetir lentamente:

«Cristo vive en mí. Quiero dejarlo crecer».

Paso misionero

Pensar en alguien que probablemente nunca se acercaría por sí mismo y acercarse a esa persona.

No invitarla a nada todavía.

No pedirle nada.

Encontrarla, y escucharla.

Fruto esperado

Reconocer que Cristo vive en mí y descubrir que esa presencia me pone en movimiento hacia otros.

Encuentro 02

Amado

Soy hijo amado del Padre

Movimiento del TepeyacLLAMAR POR EL NOMBRE

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Punto de partida

Antes de servir, coordinar, enseñar, dirigir o producir fruto, eres hijo.

Y eres amado.

No tienes que ganarte un lugar en el corazón de Dios mediante tus resultados.

Quien se sabe amado puede entregarse sin tener que demostrar continuamente cuánto vale.

Palabra y fe de la Iglesia

«Tú eres mi Hijo amado» (Mc 1,11).
«El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él» (Jn 6,56).

Por la gracia bautismal somos hijos de Dios en Cristo. La Eucaristía alimenta esa unión, acrecienta la caridad, edifica la Iglesia y nos compromete con nuestros hermanos. Dios llama a los hombres a ser, en el Espíritu Santo, «sus hijos de adopción, y por tanto herederos de su vida bienaventurada» (CCC 1).

EN MÍ · Servir desde la filiación

Muchas heridas de la vida apostólica aparecen cuando intentamos obtener del servicio algo que sólo el amor de Dios puede darnos.

Necesitamos reconocimiento.

Nos cuesta que otro ocupe nuestro lugar.

Una corrección parece amenazar nuestro valor.

El fruto ajeno nos inquieta.

Quien comienza a descansar en la filiación vive todo esto de otra manera.

Puede escuchar una corrección sin sentir que pierde su lugar.

Puede alegrarse porque otro crece.

Puede servir sin ser visto.

Puede descansar.

Puede incluso cerrar una actividad querida si ya no sirve a la misión.

La Eucaristía educa esta manera de vivir.

Antes de enviarnos, Cristo se entrega.

El altar recuerda al apóstol que primero es hijo que recibe, y sólo después hermano que se entrega.

Espejo Del Tepeyac

El encuentro comienza con una palabra sorprendentemente personal:

«Juanito, Juan Dieguito».

María no llama a una función.

Llama a una persona.

Pregunta adónde va.

Entra en su camino concreto.

Más tarde, en la angustia, volverá a recordarle que es el más pequeño de sus hijos y que está bajo su cuidado.

Antes que mensajero, Juan Diego es hijo.

CON OTROS · Llamar por el nombre

La pastoral puede acostumbrarnos a ver:

  • el catequista,
  • la cocinera,
  • el coordinador,
  • el benefactor,
  • el joven problemático,
  • la señora que ayuda.

El Tepeyac obliga a detenerse.

Antes de la función hay una persona.

Tiene historia.

Deseos.

Miedos.

Dones.

Una vocación que puede ser mucho mayor que la tarea que actualmente realiza.

Formar comienza muchas veces cuando alguien descubre que ha sido visto.

Para conversar

  • ¿Dónde sigo buscando aprobación a través de mi servicio?
  • ¿Qué cambia cuando recuerdo que antes de ser apóstol soy hijo?
  • ¿Conozco realmente a quienes trabajan conmigo?
  • ¿A quién estoy mirando principalmente por lo que hace?

Esta semana

Paso interior

Antes de un servicio:

«Padre, hoy sirvo como hijo amado en tu Hijo».

Paso misionero

Conversar con una persona del propio ambiente sin pedirle nada.

Escuchar algo de su historia.

Al terminar, decirle con sencillez un bien concreto que reconocemos en ella.

Fruto esperado

Servir desde una identidad recibida y comenzar a hacer que otras personas experimenten que son reconocidas antes que utilizadas.

Encuentro 03

Desbordado

El amor recibido quiere salir

Movimiento del TepeyacDESPERTAR EL CORAZÓN

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Punto de partida

El amor verdadero tiene una extraña incapacidad para quedarse encerrado.

Cuando alguien experimenta que Cristo lo ha buscado, perdonado, alimentado o sostenido, nace poco a poco un deseo:

que otros puedan conocer también esta vida.

La misión no es primero una obligación añadida a la fe.

Es el amor recibido que comienza a desbordarse.

Palabra y fe de la Iglesia

«Como el Padre me envió, así os envío yo» (Jn 20,21).
«Id y haced discípulos» (Mt 28,19).

Toda la Iglesia participa en la misión apostólica. Cada fiel está llamado a ella según su propia vocación. «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús» (EG 1): esa alegría, y no el deber, es lo que primero envía.

EN MÍ · Lo recibido busca camino

Jesús formó a sus discípulos enviándolos.

Parte de su formación ocurrió mientras caminaban.

En la misión fueron descubriendo sus límites, aprendiendo a confiar y tocando la realidad herida.

Algo semejante ocurre con nosotros.

Quien visita a un enfermo termina rezando de otra manera.

Quien intenta compartir su fe descubre preguntas que nunca se había planteado.

Quien se acerca a una necesidad descubre también su propia pobreza.

La misión desarrolla lo recibido.

La fe se vuelve palabra.

La oración se vuelve cercanía.

La Eucaristía se vuelve pan compartido.

Espejo Del Tepeyac

Antes de recibir una explicación o un encargo, el relato se detiene en lo que ocurre dentro de Juan Diego.

Su corazón se llena de alegría.

Se pregunta si merece lo que está escuchando y viendo.

Nadie le ha explicado todavía nada: ya ha sido tocado.

Después vendrá la misión.

El corazón se despierta antes de que las manos sean enviadas.

CON OTROS · Despertar el corazón

No toda evangelización debe comenzar explicando.

A veces el primer paso consiste en hacer posible el asombro: una bienvenida cuidada, un acto caritativo, una palabra amable, un espacio hermoso, una celebración vivida con alegría, una palabra que habla el lenguaje del otro.

La belleza no reemplaza la verdad.

Puede abrirle la puerta.

Y la inculturación no rebaja el Evangelio: busca la puerta por donde esa persona concreta puede recibirlo.

Para conversar

  • ¿Qué amor recibido de Dios desea hoy salir de mí?
  • ¿Nuestra pastoral sólo informa o también despierta?
  • ¿Qué suele abrir el corazón de las personas a quienes servimos?
  • ¿Nuestro lenguaje parte de nuestro mundo o también intenta entrar en el suyo?

Esta semana

Paso interior

Pedir:

«Señor, que el amor que he recibido no termine en mí».

Paso misionero

Elegir un encuentro pastoral que ya exista.

No organizar otra cosa.

Añadirle un solo gesto de belleza, hospitalidad o cuidado que ayude a abrir el corazón: la bienvenida, el espacio, una imagen, una música, unas palabras, un detalle.

Después observar qué produjo.

Fruto esperado

Descubrir que anunciar el Evangelio implica también aprender por dónde puede entrar en el corazón concreto del otro.

Encuentro 04

Probado

Cristo madura mi corazón en la prueba

Movimiento del TepeyacACOMPAÑAR EL CAMINO

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Punto de partida

No hay vida apostólica sin límites.

Hay cansancio.

Fracasos.

Rechazos.

Confusión.

Personas que no responden como esperábamos.

Momentos en que quisiéramos rodear el cerro.

La prueba puede destruir o puede madurar.

Mucho depende de cómo sea atravesada y de quién camine con nosotros.

Palabra y fe de la Iglesia

«Llevamos este tesoro en vasijas de barro» (2 Cor 4,7).
«Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca» (Lc 22,32).

La esperanza sostiene al creyente en la dificultad y Cristo puede asociar nuestras pruebas a su misterio pascual. «No hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual» (CCC 2015): también la prueba entra en el camino de la perfección.

EN MÍ · La prueba también puede formar

No todo sufrimiento es bueno.

No todo cansancio debe soportarse.

Hay heridas que deben atenderse, injusticias que deben corregirse y situaciones que requieren pedir ayuda.

Pero existe también la dificultad propia de permanecer fiel.

No controlar los frutos.

Aceptar límites.

Reconocer que somos vasijas y no el tesoro.

Pedro fue formado también a través de su caída.

Después de descubrir su propia pobreza pudo mirar de otra manera la fragilidad ajena.

Quien ha sido sostenido aprende a sostener.

Espejo Del Tepeyac

Juan Diego tiene un problema que la misión no había previsto.

Su tío está gravemente enfermo.

Tiene urgencia.

Cambia de camino.

Rodea el cerro.

Y allí ocurre algo extraordinariamente revelador:

María sale a su encuentro en el rodeo.

No comienza reprochándole.

Le pregunta qué sucede.

Escucha la razón de su camino.

Lo consuela.

Aclara la situación.

Y después vuelve a ponerlo en misión.

La dificultad no termina la relación.

Se convierte en parte de su formación.

CON OTROS · Acompañar el camino

Las personas tampoco crecen en línea recta.

Se cansan.

Se retrasan.

Se asustan.

Fracasan.

Tienen problemas que nuestros programas no habían previsto.

El formador puede limitarse a concluir:

«No cumplió».

O puede preguntar:

«¿Qué sucedió en su camino?»

Acompañar no significa justificar todo.

María vuelve a enviar a Juan Diego.

Pero no sacrifica a la persona para salvar el programa.

Une cuidado y misión.

Escucha y responsabilidad.

Paciencia y claridad.

Para conversar

  • ¿Qué prueba está madurando actualmente mi corazón?
  • ¿Qué dificultad debo asumir y cuál necesito atender o corregir?
  • ¿Cómo reacciono ante quien falla?
  • ¿Sé preguntar qué ocurrió antes de juzgar el resultado?

Esta semana

Paso interior

Entregar a Cristo una dificultad concreta:

«Haz de esta prueba un lugar de confianza y crecimiento».

Paso misionero

Buscar a una persona que se haya retrasado, alejado o fallado en algo.

Preguntarle primero:

«¿Qué pasó?»

Escuchar.

Después acordar juntos un solo siguiente paso posible.

Fruto esperado

Aprender una manera de acompañar capaz de sostener simultáneamente a la persona y su crecimiento.

Encuentro 05

Reunido

Cristo me reúne con otros apóstoles

Movimiento del TepeyacDISCERNIR EN COMUNIÓN

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Punto de partida

Jesús no formó apóstoles solitarios.

Los llamó para estar con Él y para estar juntos.

Compartieron camino, mesa, preguntas, cansancio, correcciones, oración y misión.

La comunidad no fue simplemente una estructura necesaria para evangelizar.

Fue también parte de su formación.

Palabra y fe de la Iglesia

«Instituyó a Doce, para que estuvieran con Él y para enviarlos» (Mc 3,14).
«Que todos sean uno… para que el mundo crea» (Jn 17,21).

La Iglesia es pueblo reunido por Dios y Cuerpo de Cristo. La Eucaristía construye y fortalece esa comunión. «El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio», recuerda el Proyecto Global de Pastoral (PGP 143).

EN MÍ · Necesito a otros

Quien sirve aislado puede hacer mucho y volverse frágil.

Puede confundir su propia inspiración con la voluntad de Dios.

Puede agotarse sin que nadie lo advierta.

Puede hacer de la misión una propiedad personal.

Necesitamos una comunidad donde regresar con lo vivido.

Donde ser escuchados.

Corregidos.

Consolados.

Y nuevamente enviados.

Una verdadera comunidad apostólica es más que un equipo eficiente.

Es una casa que custodia el fuego.

Espejo Del Tepeyac

La misión de Juan Diego no queda encerrada entre María y él.

Debe pasar por la Iglesia.

Juan Diego habla.

Zumárraga escucha.

Pregunta.

No acepta inmediatamente.

Pide una señal.

Juan Diego vuelve.

Finalmente llega el signo y el obispo se deja también conducir por aquello que recibe.

En el Tepeyac, ni el mensajero actúa solo ni la autoridad lo sabe todo de antemano.

Ambos deben escuchar.

CON OTROS · Discernir en comunión

La comunión no consiste en que todos piensen igual.

Consiste en reconocer que la misión no pertenece a ninguno de nosotros.

Por eso necesitamos escuchar.

Contrastar.

Revisar.

Aceptar preguntas.

Corregir caminos.

Una reunión apostólica puede hacer algo mucho más importante que repartir pendientes.

Puede detenerse ante una situación real y preguntar:

¿Qué está haciendo Dios aquí?

¿Qué nos está mostrando la realidad?

¿Qué necesitamos cambiar?

Para conversar

  • ¿Quiénes me ayudan a discernir?
  • ¿Soy capaz de cambiar de opinión después de escuchar?
  • ¿Nuestras reuniones sirven también para leer lo que está ocurriendo?
  • ¿Qué estamos haciendo por costumbre que deberíamos volver a discernir?

Esta semana

Paso interior

Pedir:

«Señor, líbrame de apropiarme de tu obra».

Paso misionero

Llevar al grupo una sola situación pastoral real todavía no resuelta.

Antes de proponer soluciones, cada uno responde:

¿Qué estamos viendo?

¿Qué podría estar pidiéndonos Dios?

Sólo después decidir un paso.

Fruto esperado

Vivir la comunión no sólo como convivencia, sino como una manera eclesial de buscar juntos el camino de la misión.

Encuentro 06

Compasivo

Cristo ama en mí al hermano

Movimiento del TepeyacSERVIR LEVANTANDO

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Punto de partida

La caridad cristiana no consiste únicamente en sentir compasión.

Cristo quiere prolongar su amor mediante nuestro tiempo, nuestras manos, nuestra escucha y nuestras decisiones.

Palabra y fe de la Iglesia

«Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40).
«Amemos con obras y según la verdad» (1 Jn 3,18).

La caridad nos lleva a amar concretamente al prójimo, con una especial cercanía hacia quienes sufren y son pobres. El Catecismo llama obras de misericordia a las acciones con que «ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales» (CCC 2447).

EN MÍ · Pedir los sentimientos de Cristo

La misericordia comienza transformando la mirada.

Ya no veo sólo un problema.

Veo una persona.

No veo únicamente una carencia.

Veo un hermano con historia, dignidad, dones y posibilidades.

Eso lleva a acciones concretas: escuchar, visitar, acompañar, defender cuando hace falta.

Pero también importa cómo ayudamos.

Podemos hacer el bien dejando involuntariamente al otro siempre debajo.

O podemos ayudar de tal manera que vuelva a descubrir su capacidad para ponerse de pie.

Espejo Del Tepeyac

Juan Bernardino está enfermo.

La preocupación por él ha llevado a Juan Diego a cambiar su camino.

María no responde diciendo que la misión religiosa es más importante que aquella necesidad humana.

Atiende también a Juan Bernardino.

Lo sana.

Lo consuela.

Y el hombre que necesitaba ayuda recibe también una palabra y se convierte en testigo de lo sucedido.

El Tepeyac no contrapone evangelización y misericordia.

La compasión entra en el corazón mismo de la misión.

CON OTROS · Servir levantando

Hay momentos en que simplemente hay que dar: comida, medicina, tiempo, protección.

Pero cuando es posible, la misericordia cristiana da un paso más.

Pregunta:

¿Qué piensa esta persona?

¿Qué puede decidir?

¿Qué sabe hacer?

¿Qué puede aportar?

¿Qué responsabilidad puede asumir?

La persona necesitada no deja de tener dones porque atraviese una necesidad.

Servir bien significa ayudar sin apropiarnos de la vida del otro.

Para conversar

  • ¿A quién me invita Cristo a amar concretamente?
  • ¿A quién estamos mirando únicamente desde su necesidad?
  • ¿Nuestra ayuda genera también participación y responsabilidad?
  • ¿Qué dones no hemos sabido descubrir en las personas a quienes servimos?

Esta semana

Paso interior

Ante una persona concreta:

«Jesús, enséñame a mirarla con tus ojos».

Paso misionero

Realizar un servicio concreto y añadir una pregunta:

«¿Tú qué necesitas?»

y, cuando corresponda:

«¿Cómo podrías participar tú?»

Hacer con la persona todo lo que razonablemente pueda hacerse con ella, y no solamente por ella.

Fruto esperado

Aprender una misericordia que socorre sin disminuir, y que reconoce en el necesitado a un hermano capaz también de ofrecer algo.

Encuentro 07

Fecundo

La vida de Cristo en mí engendra vida en otros

Movimiento del TepeyacCONFIAR Y FORMAR

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Punto de partida

Hay un momento en que la pregunta del apóstol cambia.

Al principio pregunta:

¿Qué puedo hacer?

Después comienza a preguntar:

¿A quién puedo ayudar a crecer?

La misión madura cuando la vida recibida comienza a generar vida en otros.

Palabra y fe de la Iglesia

«Apacienta mis ovejas» (Jn 21,17).
«Para edificación del Cuerpo de Cristo» (Ef 4,12).

Los dones recibidos son para edificar la Iglesia y el verdadero apostolado brota de la unión con Cristo. «Por el bautismo y la confirmación, todos estamos llamados a ser responsables de la misión que Jesús nos encomendó» (PGP 79).

EN MÍ · Dejar de ser indispensable

Formar a otros exige una conversión silenciosa.

Podemos hablar mucho de multiplicar líderes y necesitar, sin embargo, que todo pase por nuestras manos.

Nos cuesta delegar.

Corregimos demasiado pronto.

No permitimos errores.

Nos inquieta que otro haga las cosas de manera diferente.

Jesús llamó, convivió, explicó, envió, permitió aprendizaje, corrigió, perdonó y volvió a confiar.

La fecundidad tiene algo de generación:

la vida continúa más allá de nosotros.

Espejo Del Tepeyac

Cuando el obispo no le cree, María no interviene en su lugar.

Lo envía de nuevo, con más responsabilidad, no con menos.

Después le confía algo todavía mayor: el signo mismo, que deberá llevar él, con sus propias manos, en su propia tilma.

Cada vez que Juan Diego podría haber sido reemplazado, María elige en cambio confiarle un paso más.

No es figurante de una obra que otros realizan.

Y, sin embargo, la obra sigue siendo mucho mayor que él.

Confiar de verdad es dar, cada vez, un poco más — no hacer el trabajo en lugar del otro.

CON OTROS · Confiar y formar

Quizá ésta sea una de las preguntas centrales de todo el itinerario:

¿Estoy formando apóstoles o acumulando colaboradores?

El colaborador ayuda a realizar algo que yo conduzco.

El apóstol comienza a descubrir también la responsabilidad que Dios le confía.

Formar supone:

  • mirar,
  • reconocer dones,
  • confiar algo verdadero,
  • dar margen,
  • acompañar,
  • revisar,
  • corregir cuando haga falta
  • y volver a confiar.

El objetivo no es que todos hagan las cosas como yo.

Es que aprendan a responder a Dios.

Para conversar

  • ¿Quién creyó en mí antes de que yo estuviera preparado del todo?
  • ¿Necesito ser indispensable?
  • ¿A quién veo actualmente con capacidad de crecer?
  • ¿Qué responsabilidad real podría confiarle?
  • ¿Le doy espacio suficiente para aprender?

Esta semana

Paso interior

Pedir:

«Señor, dame ojos para reconocer lo que estás haciendo crecer en otros».

Paso misionero

Elegir una persona concreta.

Confiarle una responsabilidad real, pequeña pero completa.

Acordar:

  • qué se espera,
  • qué libertad tiene,
  • y cuándo revisarán juntos lo vivido.

Hasta esa revisión, evitar intervenir salvo que sea realmente necesario.

Fruto esperado

Comenzar a pasar de hacer mucho personalmente a engendrar personas capaces de asumir y transmitir la misión.

Encuentro 08

Juan Diego

María me envía como a Juan Diego

Movimiento del TepeyacCONSTRUIR UNA CASITA QUE RECIBE Y ENVÍA

Descargar este encuentro

Punto de partida

Después de este camino, las palabras «Yo soy Juan Diego» pueden pronunciarse de otra manera.

No significan:

yo soy protagonista de una gran obra.

Significan:

también mi pequeñez puede convertirse en camino para que Dios llegue a otros.

He sido encontrado.

Amado.

Habitado.

Acompañado.

Reunido.

Levantado.

Y enviado.

Ahora la vida recibida busca continuar.

Palabra y fe de la Iglesia

«Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5).
«Como el Padre me envió, así os envío yo» (Jn 20,21).

La maternidad de María conduce siempre hacia Cristo y la Iglesia prolonga en la historia la misión recibida del Señor. «En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en un discípulo misionero»: cualquiera que sea su función en la Iglesia, «es un agente evangelizador» (EG 120).

EN MÍ · Mi vida puede convertirse en ayate

Aceptar una misión no exige imaginarse grande.

Exige estar disponible.

Dios trabaja con nuestra realidad concreta:

  • nuestra historia,
  • nuestros dones,
  • nuestro temperamento,
  • también nuestros límites.

Una tela sencilla puede portar un signo que la supera.

Ésa puede ser una imagen del apóstol.

No necesita fabricar por sí mismo aquello que debe entregar.

Necesita ofrecerse.

El fruto pertenece a Dios.

Espejo Del Tepeyac

Desde el primer encuentro, María expresa un deseo que supera a Juan Diego:

una casita.

No un lugar para exaltar al mensajero.

Un lugar para otros.

Para mostrar amor.

Escuchar.

Consolar.

Remediar.

La misión individual de Juan Diego termina sirviendo al nacimiento de algo comunitario.

Él lleva el mensaje y el signo.

Pero la obra permanece abierta después de él.

CON OTROS · Construir una casita que recibe y envía

Toda misión madura necesita alguna forma de casita.

Puede ser una familia, una parroquia, una escuela, un pequeño grupo, incluso un espacio digital.

No se define por las paredes.

Se reconoce porque allí las personas pueden ser:

  • recibidas,
  • escuchadas,
  • acompañadas,
  • alimentadas en Cristo,
  • integradas con otros,
  • formadas
  • y finalmente enviadas.

La casita no acumula personas alrededor de sí.

Las prepara para que lleven el don más lejos.

Para conversar

  • ¿Dónde me envía hoy Dios?
  • ¿Qué personas concretas me han sido confiadas?
  • ¿Qué casita estamos construyendo?
  • ¿Nuestra comunidad recibe solamente o también forma?
  • ¿Quién podría ser enviado mañana si hoy creemos en él?

Esta semana

Paso interior

Ponerse bajo la mirada de María:

«Madre, aquí estoy. Llévame a Cristo y envíame».

Paso misionero · MI ENVÍO

No diseñar un proyecto grande.

Completar sólo estas cinco frases:

Soy enviado a…

El primer paso que daré es…

Lo haré con…

Quiero comenzar a ayudar a crecer a…

Revisaré este paso el…

Y realizar el primer paso.

Fruto esperado

Reconocerme como un Juan Diego de hoy y comenzar a construir, con otros, lugares donde la vida recibida pueda seguir multiplicándose.

El Estilo Del Tepeyac

Ocho movimientos para recordar

Los ocho encuentros pueden conservarse finalmente en ocho verbos.

1. SALIR AL ENCUENTRO

No limitarse a esperar.

2. LLAMAR POR EL NOMBRE

Mirar a la persona antes que su función.

3. DESPERTAR EL CORAZÓN

Abrir caminos para que el don pueda ser recibido.

4. ACOMPAÑAR EL CAMINO

Sostener los procesos sin abandonar ni a la persona ni la misión.

5. DISCERNIR EN COMUNIÓN

Recordar que la misión pertenece a Dios y buscar juntos su camino.

6. SERVIR LEVANTANDO

Ayudar de manera que el otro pueda ponerse de pie.

7. CONFIAR Y FORMAR

Entregar responsabilidad verdadera y aprender a hacerse menos indispensable.

8. CONSTRUIR UNA CASITA QUE RECIBE Y ENVÍA

Crear comunidad para que el don siga pasando a otros.

Una Sola Lógica

Los ocho movimientos no son técnicas independientes: cada uno nace de algo que antes hemos recibido, y se convierte, sin esfuerzo añadido, en un modo de tratar a los demás.

Ésta es la unidad profunda entre INTERIORIDAD APOSTÓLICA + ESTILO PASTORAL: no imitamos por fuera las conductas de María. Dejamos que la manera como Dios nos trata se convierta en nuestra manera de tratar a los demás.

Ahora Comienza El Camino

Los ocho encuentros terminan.

La misión no.

No hacen falta necesariamente más actividades.

Hace falta permanecer.

Revisar.

Aprender.

Caminar con otros.

Asumir nuevas responsabilidades cuando corresponda.

Y comenzar a hacer con otros lo que Dios ha ido haciendo con nosotros.

Da el siguiente paso concreto. No conviertas tu envío en una aventura solitaria: camina con otros, y busca a alguien en quien puedas creer.

El fruto más hermoso del camino no será poder decir solamente YO SOY JUAN DIEGO, sino comenzar a escuchar a otros decirlo también.

Criterio final

Podemos regresar periódicamente a una sola pregunta:

¿La vida de Cristo está creciendo en nosotros y llegando, a través de nosotros, a más personas?

Si la respuesta empieza a tener nombres, rostros, encuentros, obras de misericordia, comunidades y nuevos apóstoles, el método guadalupano habrá dejado de ser únicamente un tema de formación.

Habrá comenzado a convertirse en una manera de evangelizar.

Déjate formar como Juan Diego.

Aprende a formar al estilo de Guadalupe.

Sal al camino.

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Para cada encuentro

  1. EscucharCompartir la imagen o frase que tocó el corazón.
  2. IluminarLeer el principio pastoral y recorrer el contenido.
  3. ConversarElegir dos preguntas, sin necesidad de responderlas todas.
  4. EnviarConcluir con el paso interior, el paso misionero y una oración.
01

Habitado

Tema

Cristo vive en mí

Clave del encuentro

La misión comienza reconociendo la presencia y la iniciativa de Dios en la propia vida.

Objetivo

Reconocer que Cristo vive y actúa en mí, y que su presencia me impulsa a salir al encuentro.

02

Amado

Tema

Soy hijo amado del Padre

Clave del encuentro

Antes de cualquier función o servicio, el apóstol recibe de Dios una identidad y un amor.

Objetivo

Aprender a servir desde la filiación y a mirar a cada persona antes que su función.

03

Desbordado

Tema

El amor recibido quiere salir

Clave del encuentro

La misión no nace primero del deber, sino de un amor recibido que busca llegar a otros.

Objetivo

Descubrir la misión como desbordamiento y aprender a abrir caminos hacia el corazón.

04

Probado

Tema

Cristo madura mi corazón en la prueba

Clave del encuentro

Las dificultades pueden convertirse en lugares de formación cuando son acompañadas con verdad y esperanza.

Objetivo

Aprender a atravesar la prueba y a acompañar procesos sin abandonar a la persona ni la misión.

05

Reunido

Tema

Cristo me reúne con otros apóstoles

Clave del encuentro

La misión pertenece a Dios y necesita escucha, comunión, contraste y discernimiento.

Objetivo

Reconocer la necesidad de los demás y aprender a discernir y corregir el camino en comunión.

06

Compasivo

Tema

Cristo ama en mí al hermano

Clave del encuentro

La misericordia cristiana ayuda de forma concreta, respetando la dignidad y los dones del otro.

Objetivo

Aprender a servir levantando, de modo que la persona pueda participar y ponerse de pie.

07

Fecundo

Tema

La vida de Cristo en mí engendra vida en otros

Clave del encuentro

La fecundidad apostólica aparece cuando confiamos responsabilidades verdaderas y ayudamos a otros a crecer.

Objetivo

Pasar de hacerlo todo personalmente a formar y enviar nuevos apóstoles.

08

Juan Diego

Tema

María me envía como a Juan Diego

Clave del encuentro

La misión recibida desemboca en una comunidad que acoge, acompaña, forma y vuelve a enviar.

Objetivo

Reconocerse enviado y dar un paso concreto para construir una casita que recibe y envía.

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